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Breve Historia de la Peña Flamenca de Lucena

 

Como en otros tantos lugares de nuestra geografía, en Lucena también se consolidó aquella natural costumbre de relación social, de esparcimiento tras la jornada laboral o de requerimiento del terrateniente u ofrecimiento para ser ‘aviado’ en las labores que hubiere menester, apurando un medio de vino ‘peleón’, de ‘a ocho’ o de solera, según la categoría, clase o pujanza económica en las llamadas tabernas. Esta costumbre dio paso a un tipo de agrupamiento más específico que aglutinaba a personas variopintas que compartían una misma afición.

La taberna fue el ágora donde se ajustaban precios, se cerraban tratos, se aviaban a las cuadrillas de jornaleros, gañanes o albañiles, se hablaba de toros, de flamenco, se discutía, se cantaba, se “ahogaban las penas” y, por ende, se evidenciaban las contradicciones humanas, las miserias y las diferencias sociales. Y la taberna fue también el escenario de reunión de estos grupos de personas que, en torno a esa común afición hacia el flamenco, se las empezó a reconocer con el singular apelativo de Peñas.

Tal vez porque el Concurso Nacional de Córdoba, de los años 1956 y 1959, tuvo como figuras destacadas a cantaores de nuestro entorno, como fueron Fosforito y Antonio Ranchal; o porque este nuevo enfoque de volver a las raíces que en su día propusieron Lorca y Falla, entre otros, en el Concurso de Granada del año 1922 actuó como revulsivo; o porque agotada la llamada ópera flamenca que preconizaba un cante esencialmente melódico y puesto en escena en las llamadas compañías que aparecían por los puestos esporádicamente sin que permitiera a los aficionados tener un contacto más directo y permanente con los artistas y el arte; o tal vez por todo junto. Lo cierto es que Lucena, es uno de los primeros lugares de nuestra comunidad que se asocia y constituye como Peña.

Aunque Antonio Martín López, gran aficionado al mundo del flamenco y de los toros que hizo de apoderado de José Flores y actuó como representante del cantaor local Juan Antonio Exojo ‘Bisojos’, me dijera en su día que la Peña de Lucena podría ser la más antigua de España, lo cierto es que las noticias fidedignas apuntan hacia otoño de 1958 y el año siguiente cuando se constituye como tal. Si bien, no se comenzaron a solicitar los estatutos hasta 1964, quedando oficialmente registrada en 1966.

La primera sede estuvo ubicada en la taberna-estanco de Alfonso, en el número 22 de la calle Cabrillana. De aquella época me suenan nombres de los socios fundadores, algunos desgraciadamente ya desaparecidos, y otros que eran prácticamente unos niños y que aún ejercen cargos en el seno de nuestra Peña. Así pues, recuerdo a Miguel Algar Lao ‘El Cinco’, que fue el primer presidente; a Antonio Marín López ‘El Chungaleto’; a Juan Antonio Exojo ‘Bisojos’, cantaor local cuyas grabaciones nos recuerdan los cantes de Pericón y De La Matrona; a Jerónimo Toledano ‘Manotas’; Francisco Cazorla; Miguel Delgado Porta ‘Punteros’, Felipe García Aroca ‘El Tábarro’, otro destacado cantaor local; Agustín Delgado ‘El Sillero’, Francisco Florido; y aquellos jovencísimos Antonio Toledano Maldonado ‘Manotas Hijo’, Antonio Rodríguez Delgado a quien se debe durante su mandato la actual sede de la Peña Flamenca de Lucena y José García Amaro, quien ostentó el cargo de presidente hasta abril del año 2014.

La precariedad de los comienzos, tanto en espacios como en la inexperiencia del funcionamiento, hacía que de aquellas primeras tentativas de organización surgiera más las espontánea participación entre los asociaciones, pues sabían cantar y tocar la guitarra entre ellos, que la contratación de artistas del panorama andaluz. Del local de Alfonso, en poco tiempo se pasó al conocido Bar de Gálvez, existente aún en nuestros días en la misma calle Cabrillana.

Acogida esta singular congregación de seguidores del arte flamenco, y acomodados sus parroquianos, no pasaría mucho tiempo cuando unos y otros convendrían una nueva mudanza, esta vez al número 27 de la calle El Peso, en el llamado Bar de Juanito. De allí se trasladó a la calle Quintana número 29, en el Bodegón Los Donceles, en referencia al Alcaide de los Donceles de la Familia de los Fernández de Córdova, bodegón propiedad de Don Pedro Víbora, uno de los excelentes vinateros de la localidad quien tuvo el acierto de etiquetar un vino con la conocida letra del fandango ‘Ana María’. En sus amplios salones de la primera planta del inmueble se vivieron tertulias y noches de cante de gran interés. Posteriormente, recaló en el bar Cogollo, situado en la esquina de la Avenida del Paseo, de Rojas para hacerlo de forma más definitiva y por penúltima vez a la calle El Peso en el denominado Bar Madrid. Aquí permanece en la primera planta del edificio hasta que, por necesidades de reforma y de construcción del nuevo edificio, se ve avocada a un planteamiento más serio.

El carácter itinerante de la misma, bien por la falta de espacios adecuados, bien por las protestas vecinales, bien porque no era todo lo rentable que en principio habían estimado cada uno de los dueños por cuyos locales pasó, o bien por cualquier otra causa, hizo que se replantease la necesidad de tener una sede propia, pues había más de 250 socios.

La dificultad de poner de acuerdo a tantas personas, sobre todo cuando había que hacer una inversión sin tener claros los beneficios y tratándose de trabajadores de clase modesta, crea una bipolarización entorno a seguir de forma itinerante o buscar definitivamente un lugar propio. Como era de esperar, se crea un cisma y se fragmenta la Peña en dos: por un lado quienes apostaron por afrontar valientemente el problema de interinidad constante y consiguieron hacer las aportaciones necesarias suscribiendo la cantidad de acciones que cada uno pudo asumir para conseguir el hermoso local que disfrutamos desde 1980 en la calle Los Caños, y de otro lado quienes prefirieron seguir de forma itinerante y conformar una nueva asociación bajo el nombre Peña Cultural Flamenca La Barrera, la cual no dispone en la actualidad de sede propia.

Es pues motivo de reconocimiento y aplauso para quienes en su día entendieron que su sacrificio personal y esfuerzo sin temor al riesgo, ya que fue el único camino que les conduciría a alcanzar ese objetivo tantas veces propuesto en asambleas y reuniones y tan difícil de consensuar. Lucena, el Flamenco y cuantos nos incorporamos posteriormente a las actividad de esta Peña, les estamos sinceramente agradecidos, pues tanto el prestigio con que cuenta el nombre de Lucena en el Flamenco, como la dilatadísima lista de actividades realizadas y su contribución al engrandecimiento de este arte, están muy ligados al nombre de la Peña Flamenca de Lucena. Posiblemente hubiera sido diferente de no contar con ese grupo de socios y directivos incondicionales que tomaron en su día esa determinación de la estabilidad y el compromiso serio.

Es en justicia, igualmente meritorio, el reconocimiento a las instituciones, al Ayuntamiento de Lucena y a numerosas entidades y empresarios sin cuya aportación económica no hubiese sido posible la prestigiosa andadura realizada hasta ahora. Sirvan de ejemplo, sin otro ánimo que el de testimoniarles el sincero reconocimiento a todos y cada uno de los que han colaborado y colaboran en mantener vivo este rico legado musical denominado Flamenco, los denominados Concursos de Cante Flamenco que se celebraron en los primeros años de funcionamiento de la Peña, las más de doce ediciones del concurso denominado Dolores La de la Huerta, las más de diecinueve ediciones del denominado Festival del Campo Andaluz, el XXVI Congreso de Arte Flamenco celebrado en septiembre de 1998, las numerosas ediciones del Concurso Nacional de Fandangos de Lucena que también comenzaron en 1998, las ediciones de las Jornadas de Arte Flamenco que comenzaron en 1999 con actividades paralelas de otras artes como la pintura, los cursos de guitarra de Manuel Granados, la creación de la Escuela Municipal de Guitarra Paco de Lucena a cuyo frente estuvo Francisco Heredia y en la actualidad Ángel Mata, los intercambios entre las peñas de San Juan del Puerto y de Ronda, los programas audiovisuales, las colaboraciones en revistas especializadas y un sinfín de recitales, homenajes y colaboraciones en las que la Peña Flamenca de Lucena ha sido pieza esencial.

Nos cabe la satisfacción de haber premiado a en nuestros concursos a cantaores y artistas que luego han sido reconocidas figuras en el mundo del Flamenco y de haber contratado para los festivales a primeras figuras del momento. Todos los artistas que han acudido a Lucena, y las empresas con las que se firmaron los contratos, guardan un grato recuerdo y sienten un profundo respeto y admiración por el nombre de nuestra Peña y los organizadores de los eventos flamencos.

Sirvan a modo de recuerdo nombre como Antonio Mairena, Manuel Mairena, Agujetas, Camarón de la Isla, Chano Lobato, Terremoto, Rancapino, Chocolate, Fosforito, José de la Tomasa, José Mercé, José Meneses, El Lebrijano, Aurora Vargas, La Macanita, Carmen Linares, Calixto Sánchez, Curro Malena, El Torta, Pansequito, Paco de Lucía, Manolo Sanlúcar, Moraito, Niño de Pura, Enrique de Melchor, Serranito, Manolo Silveria, Manuela Carrasco, Milagros Mengíbar, Inmaculada Aguilar, El Pipa, Javier La Torre, Javier Varón o Farruco. También destacar a nuestros cantaores locales Antonio Ranchal, Curro Lucena, Felipe El Tábarro, Juan Antonio Exojo ‘Bisojos’ o Antonio Nieto.

Obviamente, estas concisas notas biográficas de la institución de la que formamos parte no constituyen la verdadera enjundia de los acontecimientos, hechos, anécdotas, peripecias y logros que su dilatada vida encierran. No obstante, sirvan las presentes notas para un acercamiento hacia el conocimiento de nuestra Peña Flamenca.

Francisco Calzado 

Ex Secretario de la Peña Flamenca de Lucena 

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